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ENTRE LINEAS

Nos queda el Presente

Nos queda el Presente

La Vida, enamorada del Tiempo, quiso concederle un deseo.
“Quiero olvidar aquello que existió antes de conocerte”, le pidió.
Y la Vida lo hizo.
Y no hubo más Pasado.

 

El Tiempo, que amaba a la Vida, quiso corresponder a ésta otorgándole aquello que más anhelase.
“Detente para que te pueda querer eternamente”, le suplicó.
Y el Tiempo lo hizo.
Y no hubo más Futuro.

Referente cultural

Referente cultural

Ya era hora que los habitantes de Catalunya tuviésemos un referente cultural, un artista de primera línea, un visionario de la educación nacional-catalanista. Me estoy refiriendo, como no, a Pepe Rubianes (poned los altavoces) , convertido en líder nacional por los problemas de transpiración patriótica que tiene en su aparato reproductor y/o excretor (polla, en el original del virtuoso) y elevado a los altares de la progresía de este País por obra y gracia de otro prócer de la erudición como es José Montilla (¡que merendilla!. Lo siento pero no me he podido contener), alias “el alegre candidato” quién le rindió cumplido homenaje en la conmemoración del “Onze de setembre” , “Diada Nacional de Catalunya” acuñando la original frase que lucían las Juventudes Socialistas en sus camisetas de “Todos somos Pepe Rubianes”. No obstante tan acertada frase que pone al mismo nivel al insigne “escatólogo” con el desconocido Federico García Lorca, mi modestia me impide incluirme en ese “todos”, ya que creo no estar a la altura de tan insigne poeta, a sabiendas que perderé la condición de “progresista”, seré etiquetado como “inculto” y no tendré acceso a las subvenciones públicas para liberar mis excrementicios impulsos literarios.

Poder heredado

Poder heredado

 

El flamante ministro de industria de la administración Rodríguez Zapatero, Clos (¡que nooooooooooooo se ha rotoooo nada!) dimitió como alcalde de Barcelona y traspasó la vara de mando municipal a su heredero (Hereu, sic literalmente) cual monarca que transfiere su poder real al primogénito elegido. La diferencia entre unos y otros estriba en que al alcalde lo elegimos democráticamente los ciudadanos y al rey unas veces lo elige dios y otras el dictador de turno. Por eso no acabo de entender la costumbre que tiene el PSOE, en su rama Partit dels Socialistes de Catalunya, de imponernos al alcalde de Barcelona que elegimos/eligen antes de que acabe su mandato. Ocurrió con Narcís Serra que dimitió como alcalde para ser el “Gran Oidor” (osea, Ministro del Interior) en el primer gobierno de Felipe González y lo sustituyó Pasqual Maragall que, a su vez, dejó el cargo antes de tiempo para dedicarse a no se sabe muy bien qué y, a éste último, lo sucedió el citado Clos que ahora abandona el cargo antes de cumplir su mandato. Tal vez sea verdad lo que ha dicho una voz tan autorizada como la de Viggo Mortensen, neoyorquino afincado en Sudamérica y actual capitán “Alatriste” , y los españoles del siglo XXI nos parecemos mucho a los del siglo XVII. Sobre todo en la forma de elegir a sus gobernantes: por narices.

Finales

Finales

Esperaba con ansiedad su llegada. Estaba llena de temores por lo que podría decir, si existía esperanza alguna. Sonó el timbre de la puerta y corrió a abrir. Ahí estaba. Instintivamente ella buscó la respuesta en sus ojos. La infinita tristeza que desprendían se la dio y su desasosiego se trasformó en angustia. Apenas acertó a preguntarle.

- ¿Qué te ha dicho?

- No hay expectativas para él –respondió su marido lleno de abatimiento- Se muere. Le quedan dos, tres meses a lo sumo- hizo una pausa- Me ha dicho que ahora está en la primera fase de la enfermedad pero que el deterioro es muy rápido y, lo que es peor, doloroso.

- ¿Sufrirá?

- Terribles dolores, inaguantables. Es como si todo su cuerpo, toda su estructura ósea, se rompiese en pequeñas fracturas –el horror en la cara de la mujer había aparecido imaginando el espantoso final que le esperaba a aquél ser querido. Al verlo, su marido continuó diciendo- Me ha dicho que, en cuanto aparezca el primer síntoma de la segunda fase él… - hizo una pausa para coger aire en una profunda inspiración- …él podría suministrarle un fármaco que acabase con sus sufrimientos. Le dije que tenía que consultarlo contigo. Espera nuestra llamada.

La mujer se dejó caer como un pesado fardo en el sofá. Asintió con la mirada perdida. Recordó, en ese instante de eternidad que se nos da cuando la vida se va, los buenos momentos pasados al lado de ese ser tan querido, la alegría que les había proporcionado y la lealtad con que les había devuelto el cariño que le profesaban. Pensó que no podía dejarlo morir de esa manera. A alguien que amas, no puedes tratarlo así al final de su vida. Su conciencia le decía, que ese tránsito a no se sabe dónde, debía ser para él lo más dulce posible, hurtándole todo posible sufrimiento. Así que consintió.

Su marido, con semblante grave, descolgó el teléfono para llamar al veterinario y comunicarles su decisión… Mientras, en la habitación de al lado, el padre del hombre, en un coma profundo desde hacía más de cinco años, con el cuerpo carcomido por las llagas, seguramente suplicaría desde su profunda inconsciencia, que también hubiese una llamada para él.

Lectores andantes

Lectores andantes

Un nuevo peligro acecha en las aceras de las ciudades. A las bicicletas , motocicletas, coches y vehículos que circulan por ellas, se suman los lectores andantes, es decir, la gente que practica dos actividades peligrosas para el tráfico transeúnte al mismo tiempo. Leer y caminar. Ese espécimen urbano siempre me ha sacado de mis casillas y, muchas veces, de mi itinerario al intentar esquivarlos ya que ell@s enfrascad@s en su lectora, ignoran el mundo que les rodea con gran peligro no solo para sus cuerpos, sino para los cuerpos de los demás. Por eso, siempre que me encuentro de frente con algun@ de ell@s me entran ganas de hacer como que yo también voy despistado y tener un encontronazo, colocando conveniente y previamente al topetazo, claro está, el codo de manera que el porrazo se lo llevase él o ella y yo saliese indemne del lance. El otro día hice un intento pero, en el último momento cuando iba a darme de bruces con el sujeto, me arrepentí y me salió una especie de amago, un dribling como acostumbra a hacer Ronaldinho en un palmo de terreno. El brusco movimiento de un personaje tan serio y trajeado al que no le pegaba hacer aquella gilipollez en pleno Paseo de Gracia barcelonés, asustó al ávido lector que lanzó el libro hacia el espacio sideral que impactó en su caída en el diario de otra lectora lectora andante que se cruzaba en el camino en aquél mismo momento. La escena fue de auténtico vodevil callejero así que, como el lance no tuvo mayor trascendencia, acabamos los tres desternillándonos de risa y haciéndonos promesas de que “un día de estos quedaríamos para tomar un café, porque ahora tengo que ir a trabajar”.

 

 

Después de ese episodio he decidido dejar de encarar a l@s lector@s andantes y situarme a sus espaldas. Me he dado cuenta que desde esa perspectiva puede resultar, en algunas ocasiones, bastante más agradable.

Debates

Debates

No sé lo que les debe ocurrir a los medios de comunicación conmigo que siempre me “bautizan” con el nombre de otro. Por poco me la vuelven a hacer. Una vez más, el lunes por la tarde, casi me hurtan mi    minuto de gloria (en este caso casi tres cuartos de hora de debate) pero esta vez no se salieron con la suya y dejé claro desde el principio, quién era el “artista”. Estaba invitado a intervenir en un debate en directo en la cadena 25TV , concretamente en el programa que dirige Albert Castillón . El que le pasó los papeles del guión lo hizo con mi nombre equivocado y, claro, ya que uno va gratis a estos eventos y lo único que puede sacar es publicidad para su causa (es decir, su negocio ), empecé la intervención corrigiendo mi nombre y apellidos. Ciertamente debo agradecer a Albert Castillón el que aprendiese y citase cuatro veces mi nombre a lo largo de todo el debate, con muy buena dicción por cierto. En agradecimiento, desde estas líneas le haré publicidad a su libro y me comprometo a intentar leerlo.

 

 

 

 

¿El tema del debate? Lo de menos y, además, eso es materia de la novela que estoy intentando escribir y confío que, en justa reciprocidad, algún día me agradezca pública, notoria y vocalizando convenientemente mi nombre. Antes y para evitar equivocaciones, le enviaré una tarjeta. Espero que tenga buena memoria.

¡Quiero volver a trabajar!

¡Quiero volver a trabajar!

A mi esto de hacer vacaciones siempre me ha planteado una serie de dudas. Definida la “vacación” como el descanso temporal en la actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios y puntualizado el “descanso”, como la quietud o reposo en el trabajo, cabe discernir si lo que en realidad estoy haciendo son vacaciones u otra cosa que denomino como tal y si esa circunstancia merece más la pena disfrutarla que el trabajo.

 

 

Suelo aprovechar el período llamado “vacacional” para realizar un corto viaje que coincide con los primeros días de la interrupción laboral. En verano no cometo la temeridad de coger el avión no vayan a cancelarte el vuelo por una huelga de última hora, perderte las maletas o, lo que ya sería fatal, tener un accidente. O todo a la vez. Así que me desplazo con el coche y como el lapso de viaje es escaso, los quilómetros muchos y “hay tantas cosas que ver”, me pego unos madrugones impropios de un horario no laboral. Ahí ya empieza a quebrar el concepto de vacaciones. No hay día en todo este periplo que me haya levantado más allá de las nueve de la mañana, cuando lo propio sería hacerlo a la hora de comer pero, claro, “hay tantas cosas que ver” ¿Y las palizas que te das venga a caminar y caminar? Recuerdo un día que buscando el nacimiento del río Matarraña (en la comarca del mismo nombre, Teruel, que también existe, “una maravilla, oiga usted”) me pasé seis horas subiendo y bajando montañas, siguiendo el curso del río por senderos imposibles llenos de piedras de las de “ríete de las del riñón” y, para acabarlo de arreglar, poco hidratado y mal calzado. Segundo concepto que quiebra con el de mi trabajo habitual en el que mi despacho está en la planta baja, lo que me ahorra las escaladas y en el que bebo todo lo que me place. ¿Y las atrocidades al descanso que se perpetran con el consabido “hay tantas cosas que ver”?. Horas y horas pateándose calles adoquinadas, martirio de pies, moviendo la cabeza para un lado y otro, para no perderse “ni una piedra”, cargado con los utensilios de filmar y fotografiar porque, claro,“hay que enseñar por donde hemos ido a l@s amig@s” sino ¿quiere alguien decirme cómo alimentamos su envidia?. Tercer punto de fricción entre el sufrimiento vacacional y la bondad del trabajo. En éste procuro que mis movimientos se limiten al máximo, mi cabeza se centra en un punto concreto con lo que evito el daño cervical y no tengo nada que fotografiar para enseñar a mis amig@s, más que nada porque tod@s gozamos del mismo espectáculo. ¿Y qué deciros del calor? ¡A cuarenta grados a la sombra en Toledo y sin poder regular la atmósfera con el aire acondicionado como en el trabajo! Vamos que se entiende el porqué la gente sale a pasear por la ciudad a partir de la medianoche. Y claro, entre el acostarse tarde y levantarse pronto, el descanso no cumple ni de lejos, con el mínimo laboral establecido reglamentariamente.

 

 

 

 

Podría pensarse que todos esos inconvenientes del viaje finalizan cuando se llega al lugar ‘oficial’ de vacaciones, vamos, donde uno tiene la casita al lado de la playa. Craso error si se piensa que uno puede vaguear y dedicarse a la vida contemplativa mirando al cielo viendo pasar la migración de las golondrinas a partir del diez de agosto. Cuando se tiene una “apareada” (sic) en la playa y oficialmente se está de vacaciones, se ha de aprovechar para arreglar el jardín, hacer esas ‘pequeñas cosillas’ de bricolage en la casa, “claro, ahoraquetienesmastiempopuedesdedicarteaello” –por cierto, este año me tocó pintar el garaje, actividad que merece un artículo aparte- amén de dedicarte a las niñas (la mayor con el consabido “jet lag” desde que regresó de Ibiza y visible a las horas de comer y de desayunar cuando regresa de “diosabedonde” y, la pequeña, totalmente asilvestrada desde que nació) y a la familia en general (no entiendo porqué ya que está comprobado que, después del período vacacional, es cuando más rupturas matrimoniales se producen), a los saludables baños de mar (lleno de medusas), a los bucólicos atardeceres, a los grillados (de grillos) anocheceres, a las tormentas de verano, a las cenas a la luz de la Luna y de las velas que ahuyenten los dichosos mosquitos, a que tienes que preparar el barco para tratar de navegar en un Mediterráneo de tránsito peligrosísimo dada la cantidad de “tragamares” que circulan por él, a leerte todos los libros del mundo para que no te tilden de poco leído, a ver la “tele”, especialmente los programas del corazón ya que si no lo haces, corres el peligro de quedarte sin conversación en las tertulias ‘post-vacacionales’ con los amig@s, a hacer más deporte que en el gimnasio porque “novamosaperderelpastóninvertidoenelgimnasioenunmesdeinactividad”, a reventarte haciendo quilometrajes que no se deben, a la edad de uno, en bicicleta, en fin a dedicarte a todo aquello que se denomina erróneamente “vacaciones” y que tan alejadas están de la denominación de “descanso” que cita nuestra Real Academia de la Lengua Española y de la realidad de lo que deben ser. Y todo eso te cuesta, además, un pastón. Ahí quiebra el último principio de lo que deben ser unas vacaciones. El dineral que todo ese presunto “descanso” supone. Sin embargo por trabajar, te pagan.

 

 

En definitiva que he llegado a la conclusión que eso de las vacaciones es una tomadura de pelo y, por tanto, lo que hay que hacer es erradicarlas y dedicarse los doce meses del año a trabajar que es, de largo, mucho más descansado que el vacacionar. Cuando vuelva al trabajo el lunes, pensaré en todo ello y me sonreiré al ver lo insensatos que son todos aquellos que nos miran con cara de satisfacción porque empiezan sus vacaciones, mientras nosotros tendremos que esperar once meses para volver a “disfrutarlas”.

 

 

(NOTA: Este escrito está dentro del programa de autoconvenciomiento que me ha recomendado mi psiquiatra que siga para evitar la depresión que cada año me produce el tener que reintegrarme a mi actividad laboral)

Te encuentro a faltar

Te encuentro a faltar

Aún no te has ido y ya te echo de menos. Recuerdo con nostalgia nuestra huida de la ciudad en busca de la soledad . El retiro que nos brindó aquél río que escalamos hasta las fuentes de su nacimiento . Las noches cargadas de estrellas luciendo sus mejores galas y  la luz de la luna reflejándose en las montañas recortándolas en el horizonte como si fueran las murallas que protegían nuestro abandono. Todo, en nuestras cenas, invitaba al dulce placer que nos ofrecía la quietud y la tranquilidad de una naturaleza viva.

 


 

Perpetuaré en  mi memoria el recorrido por pueblos y ciudades de los que pude escuchar, en el sosiego que tú me regalaste, a sus piedras, calles y plazas llenas de historia, andar por sus recovecos, descubrir leyendas, conocer tradiciones.



No olvidaré los amaneceres en la playa, caminando descalzo por la arena, sintiendo su tacto freso y suave. El despertar tranquilo, ciego de despertadores y ausente de compromisos que azotaban mis días sin ti.  Guardaré para siempre en mi memoria, cómo me zambullía en las tibias aguas del Mediterráneo dejándome mecer por su balanceo, siendo uno en perfecta conjunción con ese Mar. En esos momentos me gustaba encararme al cielo para ver sus ojos y pensar en ti, a sabiendas de que estabas conmigo, rodeándome.



En mi mente se agolpan ahora, las comidas llenas de largas sobremesas, los libros que nunca me acababa y que, ahora, gracias a que tú estás a mi lado, los guardo para siempre en mi memoria. Me quedaré perennemente con el sabor de esos paseos serenos al lado del Mar, con el privilegio de ver con mis propios ojos, cómo son sus atardeceres. Sabré, a tu lado, de esa luz tan especial.



 Esas pequeñas cosas son las que me hacen desearte con toda mi alma, sabiendo que dentro de poco te irás con otro. Pero aún así, seguiré echándote de menos, mis amadas vacaciones. 

El patito feo, la verdadera historia

El patito feo, la verdadera historia

Érase una vez un patito feo. Era horrible, tanto que nadie en el estanque se acercaba a él por miedo a sufrir el contagio de su fealdad. Hasta su propia familia le daba de comer las peores lombrices y gusanos con la esperanza de que no sobreviviese y así se libraban de él. Pero era fuerte y resistió todas las adversidades, como lo hacen todos los feos que parece que tienen una mayor resistencia a las desgracias. En el colegio los demás patitos le hacían “buling” y, cuando encontró un trabajo de limpieza en el estercolero de la laguna, sus compañeros le hacían “mobbing”. Incluso los cuidadores del humedal, considerado reserva ornitológica, lo escondían para que no lo viesen los visitantes y se asustasen con su presencia. Por eso el patito feo creció en la marginalidad y se convirtió en un pato retraído, huraño y distante. Vamos, se convirtió en una pato insociable. Ni que decir tiene que nunca había conocido más patas que las que le acompañaban en su solitario aletear por el estanque.

Un día su suerte cambió. Un pato de los que por allí vivían le gritó:

- “¡Oye, pato horrible, aquí hay dos hombres que preguntan por ti!”

“¡¿Por mí?!”, pensó, “Seguro que se trata de una broma como la última vez que me dieron a comer una esponja diciéndome que era un solomillo de oruga y de poco me ahogo”. Tomando todas las precauciones, el pato de nuestro cuento, se dirigió al encuentro de aquellos hombres. “¡Joder! ¡Qué aspecto tienen!” caviló al verlos allí, “Parecen dos buitres”.

- “¿Es Ud. el patito feo?”, preguntó el hombre que parecía más joven de los dos.

“Y además gilipollas, porque ciego, no es”

- “Todo lo que Ud. ve soy yo, si”, contestó el patito feo.

- “Tenemos un negocio que proponerle ¿Podemos hablarle en privado?”

- “Pueden hablar con tranquilidad. No hay nadie a mi alrededor”, contestó con la seguridad que le dan a uno los años de soledad.

- “Iré al grano. Somos promotores inmobiliarios que estamos pensando en construir unos apartamentos justo a la salida de esta reserva natural...”

- “¿Y yo qué tengo que ver en esto?. No sé nada de inmuebles, ni de promociones...”

- “Lo imaginábamos”, le cortó el más joven de los dos que era el único de los hombres que hablaba. “Pero no le necesitamos para eso” ... tras ver la cara de interrogación del pato horrible continuó...”En realidad, vamos a construir un complejo de doscientos apartamentos ... y un campo de golf. Ese es el reclamo. Las viviendas al lado de un campo de golf, son negocio seguro. Sabrá Ud., señor feo, que para construir un campo de golf se necesita mucha agua... y ahí es donde entra Ud. en el negocio...” El pato, que era horrible pero no tonto, empezaba a comprender “... y el único lugar por estos alrededores donde la madre naturaleza ha tenido a bien conceder la gracia del agua, es este humedal. Así que lo que necesitamos es a alguien que tenga acceso al desagüe del estanque, lo abra y trasvase el agua a nuestros marchitos depósitos de agua. En definitivas cuentas, necesitamos a alguien... como Ud.”

Los ojillos se le iluminaron al pato horrible haciéndolo más monstruoso aún si cabe. Ahí tenía la oportunidad de vengarse de todos aquellos ánades que día tras día lo habían vilipendiado. Ahora la vida de gansos, ánsares, ocas, palmípedas en general y aves de todo pelaje, dependían de él y no estaba dispuesto a facilitarles la existencia futura y le importaba un pimiento aquél humedal por mucha reserva ornitológica que fuese. Por eso su respuesta fue:

- “¿Cuál sería mi parte?”

- “El diez por ciento de las ganancias y, créame señor patito feo, eso es mucho dinero, tanto que, ni Ud. ni sus descendientes podrán dejar de trabajar y ni tendrán que preocuparse por su subsistencia futura”

- “¿Cuándo hay que empezar?”

- “Inmediatamente. En cuanto abra el tapón del desagüe y el agua empiece a aflorar en nuestros depósitos, le abonaremos un treinta por ciento de la ganancia prevista y, el otro setenta por ciento, cuando estén vendidos todos los apartamentos que, por la cuenta que nos trae le aseguro que en un par de meses están agotados”

Esa misma noche el pato horrible, ahora a punto de convertirse en un pato criminal, sacó el tapón del desagüe del estanque. Rápidamente el agua se coló por el agujero y, como si se tratase de un vaso comunicante, los depósitos de los promotores del campo de golf, empezaron a recibir el líquido elemento.

Al día siguiente se personaron los ya cómplices del pato horrendo a cumplir con su parte del trato. Resultó que la tercera parte del diez por ciento que le correspondían al pato delincuente por las ganancias futuras, era una auténtica fortuna que le hicieron efectiva en euros contantes y sonantes. Parte del dinero el pato feo y malhechor lo destinó a hacerse una operación de cirugía estética que, básicamente, consistió en un estiramiento de cuello, relleno torácico y blanqueamiento de plumas. De esa manera el patito feo y facineroso de nuestra historia, se convirtió en un precioso cisne rufián. “Ahora”, se decía al salir de la clínica de estética, “seré la envidia de todas las palmípedas del estanque y no habrá hembra que se me resista”. Con lo que no había contado el ahora hermoso cisne bandido era que, a medida que su maldad crecía, el nivel del agua del lago decrecía en geométrica proporción. Esa circunstancia obligó a todos los habitantes del estanque a emigrar hacia otros humedales que realmente lo fuesen. Así que al llegar de nuevo al estanque, el otrora patito feo, se encontró únicamente con los cuidadores del lugar y con los artilugios metálicos con forma de palmípedas y aves que se habían habilitado para deleite y disfrute de los turistas que venían a contemplar aquél... desierto.

El pato reconvertido en cisne, ante la falta de moradores y, sobre todo, moradoras, decidió emigrar en busca de palmípeda que admirase y gozase de su recién adquirida belleza. Reparó que los vecinos y coautores de la fechoría de secar el humedal, habían construido un enorme estanque que servía como adorno de la urbanización y colindaba con el campo de golf. En esa laguna, además, vivían algunos de los habitantes de lo que un día fue vergel y en ella chapoteaba una bellísima hembra por la que el cisne de cuello estirado por mor de la cirugía, bebía los vientos. No dudó en acercarse a la palmípeda mientras pensaba que aquella preciosidad iba a ser suya aunque, en el pasado, ella lo había tratado con absoluto desdén. Y no debía andar muy errado nuestro protagonista porque la guapa fémina giró la cabeza hacía él, abriendo su pico en una mueca que denotaba sorpresa... o terror...

¡¡¡ zzzaaaaaaassssssssssssssssss ¡!!

 

 

La pelota de golf impactó en el cuello de patito feo-cisne hermoso desnucándolo. El único consuelo que hubiese tenido, de haber vivido para saberlo, es que el último acto de su existencia fue heroico al interponer su pescuezo en la trayectoria de una pelota de golf perdida y la cabeza de su amada...

 

...y colorín colorado ...

Serpientes de verano

Serpientes de verano

Tiene la denominación de “serpiente de verano” aquella noticia que es noticia sólo durante el período estival. Es decir, que nace y muere con el verano. Veamos algunas. El gobierno de Albania ha tenido la iniciativa de vender terreno al precio de un euro el metro cuadrado con la finalidad de incentivar la inversión extranjera. Me pregunto si es por eso por lo que en nuestro País, gobierno y oposición, no se ponen de acuerdo en el número de  hectáreas quemadas en la Comunidad gallega . No sea que, en un futuro, no vaya a salir alguna urbanización o algún campo de golf menos. 

Seguimos en nuestro País. Desde algún sindicato afín a la administración Rodríguez Zapatero (¿y quién se atreve, excepción hecha del PP, a no ser afín al ínclito prócer?) se está abogando porque los trabajadores de tierra del aeropuerto del Prat de Barcelona, se queden sin sanción por la ocupación de las pistas el pasado viernes 28 de julio y que supuso alterar, cuando no fastidiar, las vacaciones de 200.000 ciudadanos. No es de extrañar que el individuo en cuestión, sea fichado como ideólogo en la administración socialista para potenciar la política del perdón y del indulto en aras de la paz que, nuestro actual ejecutivo, ha decidido que exista. 

Para terminar una buena noticia. O, al menos, una noticia que no afecta directamente a nuestro Planeta. Se va a incrementar nuestro sistema solar en tres nuevos planetas, en tres nuevos astros pasando de los nueve actuales a doce. La Unión Astronómica Internacional ha decidido dar carta de naturaleza a Ceres, Caronte y 2003 UB 313 (Xena para los amigos). 

¿Serpientes de verano? No. Culebrones de todos los días.

 

Vengo a regalaros la Luna

Vengo a regalaros la Luna

Vengo a regalaros la Luna para que ilumine el camino que os lleve hasta vuestra amada y, juntos,  busquéis ese lugar cerca del mar, dónde esta noche os lloverán las estrellas. Son lágrimas del cielo que llora impotente porque no puede apagar nuestras miserias

Entre mazmorras (y 3ª parte)

Entre mazmorras (y 3ª parte)

Fue ella la que rompió el silencio.

- Deberás hacer algo por mí.

- Lo que sea.

- Hace algún tiempo estaba locamente enamorada de un hombre que jugaba con mil mujeres y yo era una más para él. Era consciente de su volubilidad, pero le amaba profundamente y por eso me propuse que haría lo que fuese para hacerlo mío. Fue entonces cuando hice un pacto con el “gran felino”.

- ¿El “gran felino”?- interrogué.

- Si, es el dueño de este castillo. Le llamaban el “gran felino” y era descendiente del marqués de Sade.

- ¿Y cual era vuestro compromiso?-pregunté ávido por conocer la historia.

- El compromiso consistía en que él me enseñaría las artes de la seducción que me permitiesen conseguir a mi amado a cambio de convertirme en su esclava. Estaba dispuesta a asumir el alto precio que había de pagar, sólo con saber que sería solo para mí. Así lo hicimos. El me enseñó todo lo que conocía y yo apliqué esas enseñanzas en la conquista y resultó - hizo una pausa y noté como los ojos se le llenaban de lágrimas- Se convirtió en mi esclavo total y absoluto. Pero yo tenía que cumplir mi parte del trato con el “gran felino”. Me traía a esta mazmorra en la que ahora estoy y ahora ves, a salvo de todas las miradas, y me obligaba a obedecerle en todo aquello que le apetecía. “Tu única voluntad y tus únicos deseos serán los de tu amo. Harás todo lo que te ordene diciendo siempre, si mi amo. Y cuando me apetezca o hagas algo que no me guste serás castigada, para que aprendas. No esperes que tenga compasión de ti”, me decía.

- ¿Y qué pasó luego? ¿Por qué estás aquí, sin poder salir?- mi asombro iba en aumento.

- Pasó que quise romper el pacto y el “gran felino” me castigó. Decidí huir con mi esclavo pero mi amo nos encontró. Entonces me dijo: “Ahora sabrás lo que son el dolor, el asco y la angustia. Pero a tu amo le gustará ver tu carita asustada y su satisfacción será la tuya. Aprenderás a encontrar placer en tu dolor y llegará un día, ya lo verás, en que tu misma desearás llegar mas lejos, poner a prueba tu capacidad de resistencia y demostrarte que realmente eres una buena esclava. Entonces te ofrecerás a tu amo y le dirás: mi amo, si tu lo ordenas tu esclava está dispuesta a complacerte haciendo eso o lo otro para ti. Y yo aceptaré si me apetece”. A mi amado lo envió justo a la celda que está al lado mío… muriendo de pena al cabo de unos meses. A mi me convirtió en gato. Tapió todas las entradas de la mazmorra excepto esta ventana por la que me ves. Por ella puedo salir pero únicamente convertida en gata. Si quiero recuperar el aspecto con el que me ves ahora, debo entrar en la prisión…

- ¿Y dónde está él ahora? –me interesé por saber su paradero no fuese a aparecer y acabase en otra fría ergástula. Aunque mi deseo por aquella hembra fuese grande, no lo era tanto como para pudrirme en uno de aquellos tétricos garitos.

- Cuando murió mi sumiso, él venía todos los días a someterme a sus juegos y lograr que me convirtiese en una buena esclava como me había dicho. Lo consiguió y eso lo alejó de mi. Hace unos años que marchó sin decirme nada. Por eso te fui a buscar, porque necesito de ti para romper el encantamiento.

- ¿Y qué podría hacer yo?

- Verás, unos días antes de marcharse, el “gran felino” me reveló cual era la forma de que recuperase mi forma. Tengo que encontrar a alguien que me haga suya bajo mi aspecto de gata…

 

Me quedé paralizado del terror. Mis manos se congelaron casi al momento y mi estómago se convulsionaba provocando unas arcadas cuando imaginaba a aquella gata, si bien bella, dentro de mi boca y enroscando su lengua con la mía… Pero al mismo tiempo la deseaba como jamás había deseado ni desearé a ninguna mujer. Y esa fuerza era sobrehumana también. ¡Lo juro! Accedí. Lo reconozco soy débil para los asuntos de la carne. Así que, de un salto, ella se situó en la ventana tomando inmediatamente su aspecto de gata… Se situó frente a mi y yo la agarré por debajo de sus patas delanteras alzándola a la altura de mi cabeza. Inicié el camino hacia su boca… perdón, hocico. De repente escuché como la gata empezaba a emitir aquella especie de silbido que se les escapa cuando están ante una situación que les excita...

...“ffffffffiiiiiiiiiiiuuuuuuuuuuuuu”…

“¡¡ ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?!!” Acerté a balbucir asustado…

“fffiiuuuuuuuu, fiiiiiiiiiiuuuuuuuuuuuuuuu”

El sonido se había vuelto más intenso y laceraba mi cerebro sin compasión…

“fffffffffffiuuuuuuuuuuuuuuuuu”

Abrí los ojos. “¡¡¡Me cago en la ….!!! ¡¡Cada año igual!! ¡¡Cada año me pasa lo mismo. No me acuerdo de desconectar el despertador y el primer día de vacaciones también madrugo!!” “Bueno” pensé en ese estado de duermevela “tal vez el año que viene la gata se haya afeitado el bigote”… y es que no soporto los pelos en mi lengua.

EPILOGO:Veamos mentes calenturientas. Leer bien el cuento y recordar las palabras que dijo la "mujer-gato". En ningún momento habló de morrearse con nadie, sino de encontrar a "alguien que la hiciese suya bajo el aspecto de gata". Lo único que tenía que hacer el protagonista de la historia era ponerle una correa en el collarín y ya está. ¡¡ Si es que siempre estáis pensando en lo mismo, por los dioses !!. Con razón la gata se asustó tanto al ver acercarse a sus morros al individuo. Debéis saber que a las gatas no les gustan los humanos, les gustan los gatos. Las gatas consideran todas las demás prácticas una aberración... :-P

NOTA ACLARATORIA: Las fotos del cuento son originales y de modelos reales. Absteneros de pedirme referencias de la "gata" (yo la ví primero).

FIN: Salgo unos días de vacaciones pero, como ya os he dicho muchas veces, quiero ver la página llena de vuestros comentarios. Soy muy sensible y cualquier desdén me afecta sobremanera. Además me llevo ordenador y puedo reaparecer en cualquier momento (y no es una amenaza ¿eh? :-)). Ah! Y os quiero ver a tod@s, que no me falte nadie. Feliz vida.

Entre mazmorras (2ª parte)

Entre mazmorras (2ª parte)

Entré en el interior del recinto amurallado que ofrecía un espectáculo dantesco. Bajo el velo de la niebla que cubría aquella especie de plaza, se amontonaban grandes masas de piedra que habrían conformado las paredes de habitaciones llenas de años de historia.

 

Sentí una risa a mis espaldas: fue como música. Giré la cabeza y la ví fugazmente corriendo hacia las escaleras que se perdían en los sótanos del castillo. Yo la seguí, hipnotizado por su olor a tierra. Descendí por unas estrechas escaleras hasta las entrañas de la fortaleza que, contrariamente a lo que ocurría con la estancia superior, permanecían intactas. Allí no alcanzaba la luz lo que le daba al ambiente un aspecto aún más lúgubre y oscuro. Llegué a pensar si aquellos corredores podrían albergar algún tipo de vida. El perfume que llegaba de las mazmorras me dio la respuesta a la vez que avivó mis sentidos. Una de aquellas mazmorras me llamó la atención. A diferencia de las otras que allí se alineaban, ésta tenía una forma abovedada y sus dimensiones eran considerablemente más grandes que las otras. Además, el único acceso a la celda, era un ventanuco de escasos diez centímetros de diámetro imposible de traspasar por cualquier figura humana. No obstante tuve la extraña sensación de que la mazmorra albergaba algún fantástico secreto que me iba a ser revelado, en cuanto mirase a través del tragaluz. Al hacerlo mi aliento se cortó de golpe y sentí una puntada en el centro del corazón…

 

¡¡Una mujer¡! ¡¡Una mujer estaba encerrada allí!! ¡¡¿Pero cómo era posible?!!. Mientras me hacía esa pregunta, observé el curioso parecido que la mujer tenía con la gata que me había traído hasta ahí. Llevaba un traje de cuero negro muy ajustado, que la cubría hasta los hombros, dejando sus pechos fuera. Un pequeño antifaz cubría sus ojos lo que no me impidió ver su rostro. Impactante. Sus rasgos eran hermosos, mediterráneos, su rostro era fino y alargado, de tez pálida y tersa. Quizá demasiado blanca. Un collar rodeaba su cuello con una tira de cuero que descansaba en la línea que separaba sus pechos. Pero, ¿quién era? ¿Cómo era posible que estuviese en aquella mazmorra? Sabía que la estaba mirando a través de la abertura, clavó sus ojos en mí sonriendo, mientras se dirigía hacia dónde yo estaba, casi flotando por la estancia.

 

Alargó su mano a través del ventanuco para que se la cogiese, cosa que hice al momento, deseoso de conocer el tacto de su piel. Instantáneamente su contacto me calmó. Una extraña dulzura me envolvió, recorriendo cada centímetro de mi carne como electricidad estática, con efecto balsámico sobre mi angustiada lógica. El olor a rosas, humedad y sal, que me había acompañado en mi caminar hasta el castillo, fluía por aquella rendija. Lo inconcebible de la situación me hizo pensar que quizás había muerto aquella misma noche y aún no lo sabía y me hallaba en otro estado, entrelazado con un ángel o un demonio. Como sea, aquél contacto me subyugaba, me derretía, era irresistible. Me apagó los nervios y me encendió la sangre. Anestesiada mi angustia por algún efecto misterioso del que no tenía conciencia, intenté hablarle, pero sus dedos largos y cincelados se posaron sobre mis labios, acallándome sin ninguna resistencia.

Entre mazmorras (1ª parte)

Entre mazmorras (1ª parte)

“Cuando ella me pidió lo más oscuro, descendí hasta el centro mismo del infierno por hacerla feliz. Cuando ella susurró en mis oídos palabras de sangre, tendí mis manos más allá de los límites para teñir de rojo su felicidad. Cuando ella me abrasó como un fuego y me pidió la vida de mis seres queridos, llorando se la di para saciar su sed. Hoy al amanecer, dormida junto a mí, ví en sus sueños mi muerte y quise huir. La calle estaba fría. Volví para tenderme de nuevo junto a ella, y velar su sueño, abrazándola hasta su despertar” (Jordi Cebrián-2001)

 

Son las dos de la madrugada. El silencio y la quietud de la oscuridad llena todos los rincones de la ciudad, colándose en el interior de las casas a través de las ventanas que permanecen abiertas tratando de absorber algún hálito de viento que alivie el asfixiante calor de esa noche de finales de julio. Una sobrecarga en la red eléctrica que suministraba al barrio, ha inutilizado el aire acondicionado y lo ha dejado en tinieblas. Así que nada perturba el sosiego de las sombras. Ni el aire, ni la luz.Trato de dormir entre las gotas de sudor que ahogan mi cara y bañan de agua caliente mi cuerpo. Me incorporo en la cama buscando alguna referencia que me ayude a conciliar el sueño. El abrumador silencio hace daño a mis oídos. En eso, en la calle, una sombra se mueve fugazmente, enganchándose por una fracción de segundo en la periferia de mi visión. Supuse que se trataba de un animal y me dirigí hacia la ventana. De entre los matorrales que cercan el estacionamiento surgió algo que se me plantó al frente con rapidez. Se trataba de un gato. Un enorme angora blanco de ojos azules destellantes, como diamantes vivos. El felino me miró, lamiendo su boca pequeña, la que a su vez abrió para enseñarme sus colmillos puntiagudos y su lengua rosa pálido. Yo me hallaba paralizado, sin haberme recuperado del sobresalto. Sin embargo, el animal me gustó al instante. Le sonreí pues me agradó su belleza, después de todo siempre sonreímos a las cosas hermosas. El angora estiró sus patas y dio un salto lleno de elegancia, desapareciendo en la oscuridad, tragado por los matorrales.

 

 

 

 

Volví a la cama intentando llevar al sueño la visión de aquél felino tan especial. Mis ojos comenzaban a cerrarse cuando entre la penumbra de los arbustos, logré distinguir una mancha blanca que se desplazó furtiva. Sentí curiosidad. Me incorporé despacio, salí al balcón y cuando estuve frente a la malla que me separa del jardín ví al angora blanco. Se acercó a mí saludándome con un acortado maullido. Yo le miré fascinado. El animal se levantó en dos patas apoyándose sobre la tela metálica. Su torso era liso, aperlado, con delgadas venas azules transparentadas a través de la piel. Noté que se trataba de una hembra. Erguida y orgullosa, el angora permaneció con sus ojos fijos en los míos por unos instantes, y al igual que la primera vez, se marchó de un salto. Regresé a la cama en medio de largos bostezos, cuando percibí un olor fino, mezcla de rosas, canela y sal que me embriagó. Hipnotizado por mi sueño-visión y en medio de una borrachera que me producía el olor, tuve la sensación que estaba a punto de traspasar las puertas de una dimensión desconocida que, literalmente, se estaban abriendo ante mis narices. Decidí seguir mi instinto y la fragancia que impregnaba cada vez más mis sentidos, envueltos en una extraña dulzura.

 

 

 

 

El olor se perdía por una vereda que conducía a un pequeño promontorio fuera de la ciudad. Intuí que era el aroma que precedía a la gata. Supe que ella, de alguna manera me estaba conduciendo a ese espacio para mí inexplorado y atrayente y no dudé en tratar de alcanzarlo. No me di cuenta del tiempo que había estado caminando hasta que percibí la claridad del día que despuntaba. Sin saber cómo me metí en la espesura de una niebla que apareció de la nada. Me pareció escuchar a la gata maullar, rompiendo la primera luz de la mañana. Era su reclamo. Cerré los ojos y la olí provocando que mi respiración doblase su ritmo y que mis manos se humedecieran. Su dominio, si, su dominio, era devastador y penetraba por cada poro de mi piel, invadiendo todos y cada uno de los pasadizos de mi mente. Seguí unos metros más y, de repente, saliendo de las entrañas de la tierra se alzaban imponentes, rodeadas de bruma, las torres de un castillo.

 

 

Allí me dirigí entre una mezcla de deseo y temor, el estimulante más potente para mí…

 

La buena fe.

La buena fe.

La cuestión es la siguiente. Un juzgado de 1ª instancia de Barcelona ha obligado a la actual junta de gobierno del fútbol club Barcelona presidida por el abogado, Joan Laporta i Estruch, a convocar elecciones a la ídem con carácter inmediato. Por lo que parece, el ínclito Laporta y sus miembros de junta, apoyados en un informe jurídico de un conocido despacho barcelonés- supongo que porque los conocimientos jurídicos, dicho de una manera gramaticalmente generosa, del letrado Laporta son limitados- interpretaron que debían permanecer en la poltrona presidencial un año más de lo que, con meridiana y absoluta claridad, establecen los estatutos de la Entidad. El error de la Junta de Gobierno, puesto de manifiesto en primera instancia por el Tribunal Català de l’Esport, es monumental y solo puede obedecer al estado de prepotencia en el que algunos gobernantes tanto de instituciones privadas y públicas, parecen encontrarse. Lejos de disculparse ante su masa social y la afición barcelonista, “la mes important del món”, por la omisión cometida, el Sr. Laporta y sus adláteres, ha echado mano del argumentario tradicional como la consabida “teoría de la conspiración del enemigo exterior que intenta desestabilizar al Club” o sea, Real Madrid y a la acostumbrada letanía de “nosotros siempre hemos actuado de buena fe y por el bien del Barça”.

La cosa no acababa con la sentencia del juzgado de 1ª instancia y la convocatoria de nuevas elecciones. Se trataba de resolver si, tras una posterior denuncia de un socio barcelonista en el Tribunal Català de l’Esport para discernir si convendría o no inhabilitar para el cargo de presidente del F.C. Barcelona al abogado Sr. Laporta i Estruch y, de paso, a toda su junta directiva en base a la lapidaria sentencia. Pues bien, el Tribunal Català de l’Esport recogiendo el discurso de los mandarifes barcelonistas, considera que estos actuaron de “buena fe” (¡¡solo faltaría que, para colmo, hubiesen actuado con villanía. Entonces hubiese sido para encarcelarlos!!) no admite a trámite la denuncia del socio que pretendia la inhabilitación del presidente y sus muchach@s. En consecuencia podrán volverse a presentar a unas elecciones que ellos mismos han convocado, curiosamente para el tres de setiembre cuando todos aún estamos volviendo de vacaciones, y siendo la única candidatura. Con lo cual el Sr. Laporta y sus muchachos y muchachas de la junta directiva se quedarán sin sanción alguna, seguirán agarrados al sillón presumiendo de demócratas y se llenarán la boca con grandilocuentes frases que hablarán de libertad, acabando, como no, con un “¡¡ Visca el Barça!!” y “¡!Visca Catalunya ¡!”. Espero que, por esta vez, el Sr. Eto’ó no conmine al Real Madrid a saludarles de aquella manera tan “simpática y elegante” que acostumbra. Y aquí no ha pasado nada y tod@s tan content@s. A sonreír tocan. Mi “buena fe” e ingenuidad quieren pensar que, cuando la junta de gobierno del “Aiguamolls, club de fútbol” que acaba de nacer para la historia ahora mismo, metan la pata porque se han pasado por el “arco del triunfo” los principios democráticos de su sociedad deportiva, les apliquen el mismo principio de la “buena fe” que al Sr. Laporta i Estruch.

Y que se los aplique también Hacienda a tod@s cuando, de “buena fe”, nos equivocamos al confeccionar los impuestos… y no nos sancione por ello.

Y a l@s que pierden puntos en el carné de conducir porque, de “buena fe”, superan el límite de velocidad o aparcan en un paso de peatones… y no les pongan multas.

Y a l@s que inician guerras contra países que albergan armas de destrucción masiva para, de "buena fe", salvaguardar de ellos al mundo.

Y a todos aquellos y aquellas que invaden nuestras vidas para, con el estandarte de la "buena fe", intentar llevarnos por el camino "correcto". Su camino.

Galería

Galería

Juntaste pacientemente los hilos hasta conseguir formar una tela de fina seda que te sirviese de lienzo. Pintaste sobre ella el rojo intenso de la sangre, la miel de sus ojos, el color tostado de su piel salpicada de pequeñas gotas marrón-oscuro. Buscaste la combinación adecuada para el castaño de su pelo lleno de matices blancos. Lograste plasmar con acierto las tonalidades de sus palabras y colmaste de violeta intenso la gama de caricias que llegaron a traspasar tu piel. Conseguiste atrapar el semblante dorado, radiante, furioso de su deseo, dándole el justo equilibrio de fuerza y pasión. Acertaste, como nadie lo había hecho, en la definición del motivo de sus besos y el influjo que su azul intenso provocaba en tus entrañas. Llevaste toda esa amalgama de formas y colores a la tela creyendo que con ello prenderías su alma… Y lo conseguiste. Ahora el cuadro reposa olvidado en tu galería.

A veces...

A veces...

… me gusta pasear por el cielo notando como mis pies se hunden en la ingravidez de su imaginaria superficie. Mirar hacia la tierra para sentir el vértigo de saberme partícula en esa inmensidad de vida que me envuelve.

 

… me agrada andar durante horas y sentarme en una nube para descansar. Pensar en el camino recorrido y creer que, aunque no me quede mucho hasta llegar a mi destino, lo que resta será su continuación.

 

 

 

… me encanta tener a las aves como compañeras en mi tránsito. Ellas me ofrecerán su espalda para transportarme a algún planeta próximo en el que me pueda recostar para continuar mi itinerario por el cielo recorriéndolo, esta vez, con mis ojos. Y así, tumbado boca arriba, esperar que caiga la noche para envolverme con el hechizo de las dueñas del firmamento, la Luna y las estrellas.

 

 


 

… deseo estar así, solo, imaginando que vuelo entre nubes blancas, galopando a lomos de un pájaro de grandes alas y escuchar el silencio que me llega desde la oscuridad iluminada por la luz de la Luna y las estrellas.


A veces, como hoy, me encuentro cansado y sin embargo, siento la necesidad de perderme en el infinito.

La importancia del acento

La importancia del acento

El idioma español (en el que incluyo, además del castellano, el catalán, euskera, valenciano, balear, gallego, bable, andaluz, aranés, guanche y otros –que nadie se me ofenda si he omitido alguno de los que se hablan en el solar patrio ya que, de existir omisión, ha sido totalmente involuntaria) está en franca degradación y es por culpa de los acentos. Bueno, ese es uno de los factores determinantes porque, en realidad, “corrientes” lingüísticas como las de “opávamosahaseruncorrá”, “quépasaneng”, “kaismo” y, otros innovadores del lingüísmo, como l@s perezos@s “abreviadores del habla” (“findes” y similares) tampoco ayudan demasiado. La verdad es que el acento, la tilde, el sombrerito “chulo” de la letra, tiene una gran parte de culpa en la perversión del lenguaje. Recuerdo que, no hace muchos años, o sea en mi adolescencia, Milán y Rumanía se llamaban así. Con el acento en la “á” y en la “í”. Unos lustros después, no sé si debido a la transformación del mapa europeo o a la influencia de los papanatas que abrazan siempre la última moda de lo que sea, la ciudad italiana y el país en cuestión se transformaron en “Milan” y “Rumania” debido al corrimiento de la tilde hacia lugares invisibles de la palabra. Paralelamente a ello, la moda llegó a los nombres propios. El tradicional José, se convirtió en “Jose” y, últimamente, Miguel, ha evolucionado hacia “Míguel”.

 

Esa caprichosa utilización del acento puede dar lugar, y de hecho ya ha ocurrido, a confusiones bastante desagradables. Hace algún tiempo un moderno empresario, seguramente escaso de tiempo, insertó el siguiente anuncio en las ofertas de trabajo de un conocido diario: “Se busca secretaria con ingles”. Si uno lee con la misma prisa con que fue escrito el anuncio, está leyendo una de las tantas ofertas de empresas que buscan secretarias que dominen el idioma y no le da la mayor importancia. Pero, claro, si alguien lee el anuncio en su exacto contexto, la cosa cambia. Y cuando cambia, da lugar a múltiples interpretaciones y, en este caso, las dió y de qué manera. La sección de cartas al director se llenó de comentarios sobre el anuncio de marras. Desde el graciosillo que decía que “el requisito de tener ‘ingles’ lo cumplía todo bicho viviente ya que no se conocía ser humano que empalmase directamente fémur con cadera”, hasta los grupos feministas que escribían indignadas “porque un empresario se había atrevido a poner un anuncio en el que solicitaba explícitamente una secretaria ‘para todo tipo de trabajo’ ya que, se preguntaban, ¿por qué es requisito indispensable tener ingles sino es para utilizarlas convenientemente?”. La polémica duró unos cuantos días y no sé si, finalmente, apareció el tipógrafo del diario disculpándose porque suyo había sido el error al omitir el acento, o si las feministas llevaron hasta los tribunales al empresario o, si, por el contrario, el hecho movió a una reflexión sobre la importancia de poner en su sitio los acentos no vaya a ser que algún día, los acentos nos pongan a nosotr@s en nuestro sitio.

¿Quién dijo qué un hombre no podía amar a varias mujeres a la vez?

¿Quién dijo qué un hombre no podía amar a varias mujeres a la vez?

(Museo del erotismo de Barcelona)

El paquetito

El paquetito

Había un extraño paquetito en aquella estantería situada en uno de los pasillos del Ministerio del Interior. Por ese lugar deambulaban cientos de funcionarios al día sin que ninguno de ellos le diese la mayor importancia. Total era un bulto que no desentonaba con el resto que se encontraba en aquella repisa. Además, se sabía que, no era un paquete sospechoso de contener algún artefacto explosivo o que representase peligro para la vida o integridad (física) de los que en aquél lugar se encontraban. Por tanto, cuando un Jefe de Departamento de la anterior administración “populista” lo acomodó en aquél lugar, a nadie le pareció extraño, nadie preguntó por él. Quizás lo que si pensaba más de uno que, instintivamente, se fijaba en la estantería era en lo llena que estaba y el que, si aquello seguía así, no tardaría en ceder. Pero nadie hacía ni decía nada y aquel soporte lo cierto es que rebosaba de documentación y el peso de los papeles había incluso deformado la estructura del anaquel.


Mediado el año 2004, cuando entró la nueva administración socialista, el paquetito seguía encima de la estantería ejerciendo el mismo peso y la misma atención por todo el que pasaba por allí... Hasta que un día sucedió lo que tenía que suceder. La estantería cedió y los papeles cayeron al suelo. Afortunadamente este hecho acaeció en un fin de semana cuando en el Ministerio ya no hay presencia física de nadie... Este episodio no hubiese tenido la menor importancia sino hubiese sido por la presencia del “extraño” paquetito. Allí, en el suelo, estaban diseminados los documentos que habían conformado el paquetito de marras... Fue entonces, el lunes por la mañana cuando el ordenanza de aquella sección del Ministerio se dispuso a recogerlos y volverlos a apilar para luego colocarlos en alguna nueva estantería, cuando se percató que aquellos documentos contenían algo especial... Sudoroso, a pesar de que era pleno mes de enero y en Madrid, el diligente funcionario corrió a su superior inmediato a comunicarle aquello tan importante que pensaba había descubierto. El jefe de ordenanzas examinó la documentación que minutos antes se hallaba desparramada por el suelo de la primera planta y, en su cara, apareció un “rictus” que estaba entre la sorpresa y el “ayvadios”. Ciertamente aquella documentación era importante y había que obrar con rapidez... Raudamente el jefe de ordenanzas fue a dar cuenta al superior del Departamento. Hete aquí que éste, según explicó la secretaria, “se encontraba reunido y no se le podía molestar” pero “que no se preocupase que en cuanto le pudiese atender se lo haría saber”, no obstante “y dada la importancia del tema (ya que así se lo había hecho saber el jefe de los ordenanzas) déjeme Ud la documentación y así adelantamos tiempo”. Ya más tranquilo por el alud de explicaciones de la secretaria, el jefe de ordenanzas volvió a sus tareas habituales despreocupándose del tema... Pero las casualidades, como todos los males, nunca vienen solas... Justo después de que la secretaria hubiese guardado aquella documentación en un cajón de su mesa para más adelante dársela a su jefe, suena el teléfono. Vaya. Malas noticias. Su compañero, su novio de toda la vida, le comunica vía telefónica, su “desistimiento” en la relación sentimental que mantenía con ella. Llorando como lo hacen (al menos eso dicen) las madalenas, la secretaria corre al lavabo a tratar de aliviar, si no su pena porque es muy reciente y de difícil consuelo, si al menos el corrimiento del “rimel”. ¡ Que mala suerte !.



En esa tesitura nos encontramos, cuando el Jefe sale de su reunión, apurado porque ya es muy tarde y le está esperando para comer el responsable de zona del partido. No ve a la secretaria. Ignora que está desconsolada en el lavabo... Sin tiempo para dejarle siquiera una nota, marcha del Ministerio sin ver al protagonista de nuestra crónica: el paquetito que yace, como un muerto, en el cajón de la mesa de Piluca. Pobre Piluca, del disgusto que se llevó pasó seis meses de profunda depresión que le impidieron trabajar.



En el Ministerio, falto de fondos, no pudieron cubrir interinamente su puesto... Quizás, de haberlo hecho, de haber venido otra persona a sustituir a Piluca, nuestro paquete hubiese llegado a su destinatario... ¡ Pero lo que son las cosas ! Otra casualidad hizo reanudar la larga marcha del paquetito. Y fue esta. Necesitado que estaba de papel para tomar unas notas el jefe de Departamento, éste, cuando se cumplían poco más de tres meses de la baja depresiva de Piluca, hurgó en el escritorio de aquella y dió con el paquetito. Extrañado de encontrar eso en el cajón de su secretaria, miró de qué se trataba. ¡Pobre hombre! A medida que iba descubriendo el contenido de los documentos, su tez se tornaba más y más pálida. ¡¿Qué digo pálida?! ...¡blanco mármol tenía aquella piel! Ya sin perder tiempo cogió él mismo los documentos y fue a ver a su Subdirector General. Después de varios días de los consabidos “está reunido” “habla por teléfono y no le puede atender” (sabréis que todas esas excusas lo son porque, a partir de jefe de Departamento, no se desayuna en la Administración) “salió con el Director general a una visita muy importante”, el celoso Jefe pudo hacer entrega de aquella documentación a su superior inmediato.


- ¡¡Caray Serrano!! ¡¡ ¿ Cómo no me has dado estos expedientes antes?!!, le dijo el Subdirector General con tono indisimuladamente enfadado, ¡¡¡ Venga vámonos tú y yo inmediatamente a ver al Director General y a explicarle la “película” !!!. Por cierto -continuó el Subdirector- ¿Dónde has encontrado “esto”?.



- Pues no sé - contestó un atribulado Serrano- Estaba en el cajón de Piluca, mi secretaria, y no se cómo llegó allí.



Ya en el despacho del Director General, mejor dicho, en la antesala de su despacho, montaron guardia Serrano y su Subdirector -junto con el “paquetito”- a pesar de que la Jefe de gabinete de Dirección les había dicho que, el Director General, se encontraba “en una reunión muy importante y que no sabía cuando finalizaría, pero que presumía larga”. No obstante la espera, insistencia y aspecto de las pieles de un Jefe de departamento y de un Subdirector general, hizo sospechar a la responsable del gabinete que algo “gordo” se cocía. Así que, muy discretamente, llamó por teléfono a no se sabe quién y.... ¡casualidades de la vida!....por allí apareció el Director general que saludó a Serrano y a Eduardo, el subdirector general (no se si sabéis que, a partir de subdirector general, el trato suele ser por el nombre de pila) y los hizo pasar sin más preámbulos a su despacho... Allí sentados los unos frente al otro, observaron cómo en un acto reflejo, Javier, el Director General, se llevaba su mano derecha al brazo izquierdo, el del corazón, a medida que iba avanzando en la lectura de los documentos (expedientes) del “paquetito”. Sin decir nada, con gesto severo, descolgó el teléfono y le dijo a su Jefe de Gabinete: “Ponme con Carlos inmediatamente”. Carlos era el Secretario de Estado.


Y me tengo que quedar aquí, en el despacho de Javier, porque el resto de la historia no la conozco (a nivel de Secretario de Estado las conversaciones son privadísimas). Todo lo que sé es que se sospecha que otras instancias examinaron “el paquetito” y que hubo un gran revuelo en las altas esferas...

Un día, Jacinto, nuestro ordenanza del principio de esta historia, encontró, en una estantería de un pasillo del Ministerio de Hacienda, ¿sabéis qué? “el paquetito”.

Todo lo que os acabo de contar es fruto de mi corta imaginación y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… ¿o no?, porque me pregunto ¿ alguien nos ha explicado que fue lo sucedido y a quién a que atribuirles las culpas de que, por acción u omisión, aún no se haya informado a los ciudadanos suficientemente y desprovisto de cualquier influencia política del atentado terrorista más importante sucedido en nuestro País?. ¿La solución?... Preguntarle a Jacinto.